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¿POR QUÉ SE ACABA EL PESCADO?

03.05.2010 21:00

   

Por: Ángel Andrés Villa Restrepo

 

En el Pacífico colombiano se ha vuelto casi costumbre la pregunta del niño – No hay pescado para comer hoy mamá?- donde su madre quizás responda – No mijo, tu papá salió esta madrugada en el chingo1, pero no capturo ni un solo atún, ni siquiera le jalo.- Y tal vez solo un plato de popocha2 con agua de panela sea el alimento para todo el día.

 

Hace algunos años, cuando el pescador se lanzaba al agua a su faena las probabilidades de capturar un pez eran muy altas, así el azar jugara un resultado en estas. Sin embargo, hoy a pesar de tener embarcaciones con resistentes cascos de fibra que le permiten soportar las no tan tranquilas olas del océano Pacífico, y potentes motores que les permiten cubrir mayores distancias más rápido y seguro alimentados con una costosa gasolina que llega a alcanzar más de $13.000 pesos el galón “cuando se consigue” y mejores tecnologías para la captura con equipos como los geoposicionadores locales (GPS) y ecosondas, las faenas de pesca año tras año se ven cada vez mas disminuidas generando así más pobreza y hambre entre la población. 

Cuando se piensa en las razones que generan esta situación aparecen varios aspectos, entre ellos, la contaminación de los mares, el fenómeno del niño o la sobre pesca, sin embargo en esta ocasión solo quiero hacer referencia a este último aspecto. A pesar de la existencia de algunas artes y métodos de captura utilizados por habitantes de la costa no muy amigables con los recursos pesqueros como el trasmallo, chinchorros, changas o incluso venenos como barbasco. Hay razones de mayor impacto como el desarrollo de la pesca industrial, cuyo crecimiento desmedido con capitales que en muchos casos son de dudosa procedencia y junto a la falta de planificación resultado de la poca capacidad investigativa y de inadecuadas políticas estatales, están llevando a los límites la desaparición los recursos pesqueros. Estos no solo son una de las principales reservas y fuente de seguridad alimentaría de las comunidades afrodescendientes, indígenas y mestizas de las costa pacífica, sino parte del patrimonio natural de nuestro país. Vale anotar que ya se están haciendo esfuerzos que apuntan a disminuir el uso de mallas que reduzcan el impacto negativo de la pesca artesanal, en este sentido se espera para este año iniciar un proyecto de sustitución de artes.

 

Industrias como la de camarón de aguas someras desde hace varios años están colapsadas y otras como la de camarones de aguas profundas y atún van a rápida velocidad en esta misma dirección. Lo más paradójico es que estas empresas  pesqueras agremiadas en grupos como Acodiarpe o la Andi, contrario a reducir su capacidad de captura, están empeñados en emprender acciones, que les permitan arrasar los cada vez más reducidos recursos pesqueros que todavía persisten. Un claro resultado de esto, es el poco interés de apoyar y por el contrario intentar boicotear la reciente veda aprobada en la resolucion C-09-01 en junio de este año por la comisión internacional de atún tropical mejor conocida como el CIAT y modificar la resolución 1856 del 2004 con el deseo de llegar casi hasta la costa para lanzar las gigantescas redes de sus barcos con capacidad de 1000 toneladas, capturando volúmenes que podrían ser para el sustento de 1000 personas por más de 13 años.

Cabe mencionar que en esta relación de los pescadores artesanales con los industriales no todo ha sido negativo, y en está caso vale reconocer los esfuerzos de llegar de forma concertada a acuerdos que permiten un intento de ordenamiento pesquero como la resolución 2650 de 2008 en la cual con la mediación del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) se han logrado sentar a la mesa el Grupo Interinstitucional y Comunitario de pesca del pacífico norte conocido como el GICPA y la asociación de armadores del pacifico Acodiarpe, en esta tarea incluso se ha logrado iniciar las tan necesarias investigaciones sobre los recursos pesqueros apoyados por grupos de investigación como la fundación Squalus, las cuales arrojan información técnica que respalden estas decisiones sobre el ordenamiento pesquero.

Esperamos no se repitan reuniones como la vivida el 28 de julio en Bogotá donde se sintió la mano poderosa de los industriales, imponiendo los intereses de la empresa atunera, en menoscabo de las posibilidades de los pescadores artesanales. Los afectados por los negativos impactos de estas empresas, estamos a la expectativa  de las próximas reuniones que se llevarán a cabo entre el gobierno, representado por el Ministerio de Agricultura y el Instituto Colombiano Agropecuario ICA, los industriales y la organización de pesca artesanal representada por el GICPA en el mes de septiembre en el municipio de Bahía Solano y a finales de este mes en Buenaventura donde se espera contar con la presencia del presidente Álvaro Uribe en una gran reunión con todos los actores de la pesca del Pacífico colombiano.

Esperamos que estas empresas pesqueras con todo su poder económico y por ende el político que van de la mano en nuestro “democrático” país  no sean determinantes para imponer sus intereses por encima de los objetivos de conservación y aprovechamiento sostenible de los recursos pesqueros y de las necesidades de garantizar, no solo el desarrollo de una sana economía en las comunidades del Pacífico donde flagelos como el narcotráfico y sus consecuencias vienen abriendo a pasos agigantados sus ficticios encantos económicos, sino además, que en los platos de comida de esta y las próximas generaciones de las familias se pueda seguir garantizando una presa de pescado y no se convierta esto en algo tan exclusivo como una presa de carne lo es para los más pobres en las grandes y “desarrolladas” urbes de nuestro país.

 

(1)       Nombre que se le da a la canoa a remo en el pacifico norte colombiano

(2)       Tipo de plátano nativo del Choco